21 Días para Habitar con el Padre — Día 7
Bienvenido al final de esta primera semana de esta serie de 21 días. Hasta ahora hemos hablado de refugio, clamor, dirección y perdón. Hoy cerramos esta semana con una invitación poderosa: habitar. No solo correr a Dios cuando hay peligro, sino vivir en Él todos los días.
Por eso hoy, una vez más, quiero invitarte a que tomes este momento sin prisa ni distracciones. Este es tu espacio para buscar al Padre con honestidad.
Respira profundo… y mientras exhalas, imagina que sueltas la necesidad de controlar, la preocupación y la fatiga. Visualiza que llegas, mojado y cansado por la tormenta, a un hogar cálido y seguro. Ese hogar… es la presencia de Dios, y Él te dice: “Aquí puedes quedarte, aquí puedes descansar.”
Mira lo que dice el salmista en este hermoso Salmo:
“El que habita al abrigo del Altísimo descansará a la sombra del Todopoderoso. Yo digo al Señor: ‘Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío’.”
— Salmo 91:1-2
Mi amigo, mi amiga, este pasaje no se trata solo de protección. Se trata de permanencia, de hacer de la presencia de Dios tu hogar. Sientes la paz que solo escuchar esto pareciera comunicar a tu alma. La realidad es que fuimos creados para esto y nuestra alma lo anhela.
Es como lo que me sucedió hace unos días. Fuimos con mi familia a visitar a un familiar que estaba en el hospital, y saliendo de ahí nos sorprendió una tormenta fortísima. Justo cuando subíamos al auto para regresar, el cielo se soltó.
La visibilidad era casi nula, las calles estaban inundadas. El auto empezó a hacer ruidos extraños al pasar por charcos grandes, y mis hijos estaban asustados. Yo también estaba tenso. Pero mientras conducía, había un pensamiento que me mantenía enfocado: “Solo quiero llegar a casa.”
Oraba mientras avanzaba despacio, y cuando por fin, después de casi dos horas, llegamos a nuestro hogar… la paz fue inmediata. No por la ausencia de tormenta, sino por la seguridad del hogar.
Eso me hizo entender de forma más vívida lo que dice este salmo. “El que habita al abrigo del Altísimo… descansará.”
No dice que la tormenta cesó. No dice que el mundo se arregló. Dice que en medio de todo, hay descanso… si estás al abrigo del Altísimo.
Nuestro hogar no solo es lugar de protección. Es también el lugar de descanso, crecimiento, memorias, comunidad, seguridad. Y ¿sabes? Eso es exactamente lo que Dios quiere ser para ti.
No solo tu refugio cuando la vida se pone fea, sino el lugar donde habitas. El lugar donde creces, donde eres conocido y amado, donde hay descanso incluso si afuera sigue lloviendo. La realidad es que la vida es impredecible, hay días de sol y días de tormenta. Pero lo que no cambia es esto: puedes habitar en la presencia de Dios.
¿Puedes verte habitando en la presencia de Dios? Toma un tiempo ahora para imaginarte cómo se vería tu día a día si habitaras en la presencia de Dios. ¿Qué sientes? ¿Qué experimentas? ¿Qué te dice tu alma?
Al terminar nuestro tiempo hoy, quiero animarte a escribir cómo sería tu vida si habitaras, no solo visitaras, la presencia de Dios. ¿Cómo se vería tu día si comenzara y terminara en su abrazo? ¿Qué cosas cambiarían si hicieras de su presencia tu lugar de reposo? Y decide hoy empezar a caminar hacia esta meta.
Señor, mi oración de este día es que puedas mostrar a través de este tiempo cómo se vería la vida de quien te lee si habitara en ti. Si tú no fueras solo el lugar al que corre en la tormenta, sino el lugar donde habita, el lugar donde crece, es amado y encuentra verdadero descanso y libertad, muéstrale Señor la hermosura de tu presencia y permite que surja este anhelo por habitar en tu presencia, de la manera en que fuimos creados. En el nombre de aquel que lo hizo posible, nuestro Señor Jesús oramos, amén.
Gracias por llegar hasta aquí mi amigo/a, te invito a continuar con la segunda semana de este viaje. Dios todavía tiene muchas cosas hermosas para ti.
Nos vemos el próximo lunes.