21 Días para Habitar con el Padre — Día 13


Saludos y bienvenido/a al día 13 de este viaje hacia la intimidad con el Padre. Hoy seguimos profundizando en una imagen que quizá no es la más bonita, pero sí es muy real: la de estar en un pozo, hundidos en un pantano. Puede que no suene alentador, pero quédate conmigo, porque lo que quiero mostrarte es cómo Dios está con nosotros aun en esas situaciones donde parece que no hay salida.

La realidad es que no solo el sufrimiento, el dolor o las dificultades de la vida nos hacen sentir que nos hundimos. Hay otra realidad igual de poderosa que nos empuja hacia abajo: el pecado con el que luchamos cada día.

Pero antes de seguir, quiero invitarte como cada día a que apartes unos minutos para hacer este espacio tuyo y del Señor. Tómalo sin prisas, respira profundo y mientras exhalas, imagina que pones delante de Él cualquier lucha con la que estés cargando hoy.

Señor amado, tú conoces mi corazón mejor que yo mismo. Conoces mis luchas, mis caídas y mis pecados. Hoy me acerco a ti con un corazón sincero. Orando desde lo profundo de mi corazón: ayúdame, sálvame, libérame Señor. Amén.

Como te decía, algo que también nos hace sentir atrapados y hundidos en un pozo es el pecado con el que luchamos. Ese hábito que no logramos dejar, esa palabra que no debimos decir, esa oscuridad que intentamos ocultar. Y mientras más lo escondemos, más nos consume por dentro.

Mira cómo lo expresó David:

“Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Me sacó de la fosa fatal, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme.”

— Salmo 40:1-2

David también escribió en otro salmo: “Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo” (Salmo 32:3). ¿Ves la honestidad? Los salmos no maquillan nada. No esconden el enojo, el miedo, el sufrimiento… y tampoco esconden el peso del pecado.

Cuando callamos, cuando tratamos de ocultarlo, nos vamos hundiendo más y más en ese foso oscuro. Pero cuando clamamos a Dios, cuando confesamos y sacamos a la luz lo que escondemos, descubrimos que hay esperanza.

Y esa esperanza está en Jesús. Porque no se trata de nuestra fuerza de voluntad ni de lo mucho que nos esforcemos. La razón por la que podemos clamar con confianza es que Cristo ya pagó por nuestros pecados: pasados, presentes y futuros. Solo Dios, a través de Jesús, puede sacarnos del pozo del pecado. Y no importa qué tan profundo sea, su luz siempre brilla en medio de la oscuridad.

Yo lo he vivido en carne propia. Recuerdo los años de lucha contra la adicción a la pornografía. Recuerdo orar una y otra vez pidiéndole a Dios que no se rindiera conmigo. Le decía: “Señor, por favor, no me sueltes, no me rechaces.” Fueron años de caer y levantarme, de sentirme atrapado en un pantano. Pero hoy miro hacia atrás y solo puedo agradecer con lágrimas al Dios que no me desechó, que me sacó del lodo y me puso sobre la Roca eterna.

Y quiero que sepas que si lo hizo conmigo, también puede hacerlo contigo.

Con eso en mente, quiero preguntarte:

¿Cómo se ven las cadenas en tu vida? ¿Cuál es el foso en el que estás atrapado? ¿De qué anhelas ser libre?

El primer paso es reconocerlo delante de Dios y clamar como David: “Por favor, Señor, ¡ven a librarme! ¡Ven pronto en mi auxilio!” La libertad es posible porque Jesús ya pagó el precio.

¿Qué tal si tomas ahora un tiempo con Dios? Deja de callar lo que de todos modos es evidente para Dios. Mejor hoy… ¡clama por libertad!

Señor, gracias porque tú nunca nos desechas, nunca nos abandonas. Hoy clamo a ti con todo mi corazón: ven pronto en nuestro auxilio. Señor, si quien está leyendo esto hoy está hundido en el pozo de la carga del pecado, en nombre de Jesús clamo a ti que hoy le des verdadera libertad, que hoy rompas toda cadena y atadura del pecado. Señor, pon sus pies sobre la roca y ayúdale a vivir en libertad. Gracias Jesús, porque en ti siempre hay esperanza. Amén.

Mi amigo/a, recuerda esto: no importa cuán profundo sea el foso, Jesús siempre extiende su mano. Clama hoy, y Él se inclinará hacia ti.

Nos vemos el próximo lunes.

Eleazar D.